Sesión No. 5: Ivan Illich: La sociedad desescolarizada

Seminario Militante Universidad Pedagógica Nacional / Proyecto de investigación:  Anarquismo, Educación y Pedagogía / Ponencia Sesión No. 5: Ivan Illich: La sociedad desescolarizada / Primer Bloque Temático: Reflexiones Teóricas y Experiencias/ Martes 30 de Octubre de 2012/ Por Rafael

“La Nueva Iglesia Mundial es la industria del conocimiento, proveedora de opio y banco de trabajo durante un número creciente de años de la vida de un individuo. La desescolarización es por consiguiente fundamental para cualquier movimiento de liberación del hombre”[1]

El pensador austriaco Ivan Ilich reconfiguró la pedagogía libertaria al realizar una crítica a la escuela burguesa entendiéndola como centro de reproducción del modo de producción capitalista y como espacio de alienación que embrutece al estudiante para someterlo a los intereses del estado y de particulares que buscan beneficiarse del conocimiento impartido por los profesores y las directivas de los claustros educativos.

Esas escuelas del odio que siguen existiendo en la actualidad configuran el modo de vida del estudiante convirtiéndolo en simple mercancía del sistema capitalista. Al salir de la escuela ocupará un puesto en el escalafón de los más fuertes: simple consumidor del engranaje mercantil de una sociedad idiotizada.

De esta manera la escuela forma a un estudiante pasivo y competitivo que lo único que le interesa es escalar en la esfera social para poder llegar a tener mansiones lujosas y derrochar el dinero en esos centros del consumismo llamados centros comerciales.

La escuela mercado en la fase actual del capitalismo

“A pesar de todas las reformas posibles, a juicio de Illich, el conocimiento se acaba convirtiendo, en la escuela y por ella, en una mercancía que supone una suerte de posesión y riqueza material para quien la obtiene. Aquí tenemos la iniciación en la visión mercantil del mundo como terreno para la posesión y el intercambio económico de las cosas (en el contexto de una naturaleza y mundo cosificados, cabría matizar, en la que todo se convierte en objetos para ser poseídos) afirmará Marcos Santos Gómez[2]

El estudiante se moldea así un mundo diferente en su mente donde el ansia de comprar y convertir en mercancía su conocimiento es requisito para pertenecer a la moderna sociedad.

Esa mercantilización del conocimiento es consecuencia de la alienación que sufre el niño en la escuela donde se le enseña a ser explotado y oprimido para mantener el statu quo actual.

Al respecto el mismo Illich dirá que “la escuela hace a la alienación preparatoria para la vida, privando así a la educación de realidad y al trabajo de la creatividad. La escuela prepara para la alienante institucionalización de la vida al enseñar las necesidades de ser enseñado.”[3]

De esta manera la alienación se convierte en un arma para las instituciones que sirviendo a los intereses particulares de unos pocos esclavizan a la clases subalternas.

Crítica a las instituciones de la desigualdad

La escuela hipnotizadora ayuda a las instituciones en su proceso de opresión ya que “la escuela acaba separando a las personas de su propia capacidad de aprendizaje para que finalmente dependan de la autoridad de las instituciones y de los expertos, de la tecnocracia. Las instituciones, que fueron creadas para estar al servicio de la humanidad, acaban siendo medios que escapan a su control, poniendo al ser humano a su servicio”[4]

Ese servilismo de las escuelas se ve reflejado en la sumisión de los educandos  a los entes del control y el orden pues se les enseña a obedecer las leyes y no violarlas, a quedarse callado frente a las injusticias del sistema y a no reaccionar contra los cuerpos represivos estatales.

De esta manera se crea un círculo vicioso que considera a los servicios, que prestan las instituciones, como moralmente necesarios olvidando que son ellos los que degeneran la sociedad convirtiéndola en un rebaño que sigue a su pastor.

Sin embargo la escuela no puede cumplir ese deber sola pues necesita de hombres y mujeres que adiestren a sus alumnos.

La destrucción del profesor y el autodidactismo

El profesor aliena al estudiante y termina convirtiéndole en un agente pasivo. Esta función principal del educador hizo pensar a Illich en una reformulación del papel del profesor en la escuela ya que consideró que los alumnos no tienen necesidad de una autoridad que les esté diciendo qué hacer o no.

En palabras de Illich  todos hemos aprendido la mayor parte de lo que sabemos fuera de la escuela. Los alumnos hacen la mayor parte de su aprendizaje sin sus maestros, y, a menudo, a pesar de éstos. Y lo que es más trágico, a la mayoría de los hombres son las escuelas las que les enseñan su lección, aun cuando nunca vayan a la escuela”[5]

Así, el niño aprende a vivir en la cotidianidad lejos del adiestramiento que le imparte el profesor en la escuela a través de la jornada completa que como dirá Illich  “permite al profesor ejercer sobre sus personas una especie de poder que está mucho menos limitado por restricciones constitucionales o consuetudinarias que el poder detentado por el guardián de otros enclaves sociales.[6]

Pero Illich contrapone al autoritarismo educativo ejercido por el profesor el autodidactismo donde el niño será quien se eduque sin la necesidad de otra persona.

Esa otra persona es la que sigue actuando como defensor de la lucha de clases en la escuela suprimiendo en el aula de clase el pensamiento crítico y subversivo.

Lucha de clases en la escuela

La brecha entre los que tienen mucho y los que tienen poco se refleja en la escuela pues a pesar de que se intente crear una educación gratuita y de calidad la desigualdad económica y cultural será decidiendo quienes pueden o no seguir sus estudios o ascender socialmente en busca del cruel cargo de explotador.

La escuela a pesar de que se le intente realizarle algunos cambios tiene un curriculum oculto que vigila al educando y lo somete a los dictámenes del Estado y el capital

La escuela sigue siendo un privilegio de unos pocos pues los escalones más altos de la educación siguen siendo ocupados por las clases altas y medias a la vez que los hijos de la clase obrera tienen pocas oportunidades para acceder a la universidad.


[1] Illich, Ivan. La Sociedad desescolarizada. Editorial Planeta. México. 1985. Pagina 69

[2] Gómez Santos, Marcos. Ivan Illich: La combativa inocencia y la lucidez de un hombre inquieto. Revista Realidad  No. 117. 2008. Página 486.

[3] Illich, Ivan. Op. Cit.

[4] Noa Cuevas, Francisco José. Anarquismo y educación. La propuesta sociopolítica de la pedagogía libertaria. Madrid. Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo. 2003. Página 97.

[5] Illich, Ivan. Op. Cit. Pàgina 18.

[6] Ibíd. Página 20

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